Mais um artigo comentando a situação no país do Norte da África…
¿Y si nadie gana en Libia?
Última actualización: Miércoles, 6 de abril de 2011
Los rebeldes libios combaten con entusiasmo pero no están equipados para vencer a Gadafi.
Los combates en Libia se suceden sin que ninguno de los dos bandos se acerque a una victoria militar, por lo que las posibles gestiones de Turquía -que se insinúa como el mediador más creíble en la búsqueda de una salida pacífica al conflicto- adquieren cada vez más importancia.
Los bombardeos de la coalición internacional -que opera por mandato de Naciones Unidas con el objetivo declarado de proteger a la población civil- obligaron a las tropas leales al coronel Muamar Gadafi a interrumpir, hace casi tres semanas, su avance en el este del país.
Pero si bien la intervención de occidente le ha dado un respiro a las tropas rebeldes, estas no siempre han sido capaces de conservar los territorios reconquistados al amparo de los aviones de la coalición.
Mientras, las profundas diferencias que todavía separan a ambos bandos -en particular las que tienen que ver con la figura de Gadafi- hacen difícil imaginar cómo sacar al conflicto del punto muerto en el que se encuentra en estos momentos.
Como explicó durante el fin de semana el corresponsal de la BBC en Bengasi, Jon Leyne, “ninguna de las partes es lo suficientemente fuerte como para lograr una victoria militar decisiva, pero ninguna tampoco es tan débil como para obligarla a entablar negociaciones de paz serias”.
En ese contexto, BBC Mundo explora las posibles alternativas para salir del punto muerto en el que se encuentra la crisis libia.
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Intervención más decidida de occidente
Por el momento, las tropas de la coalición internacional operan al amparo de una resolución de Naciones Unidas que las autoriza a “tomar todas las medidas necesarias para proteger a la población civil”, pero excluye explícitamente una ocupación militar de cualquier parte del territorio de Libia.
La coalición internacional afirma haber inutilizado un 30% de las fuerzas de Gadafi.
La interpretación de la resolución, sin embargo, ha sido objeto de disputas.
Algunos sostienen que los bombardeos de las tropas de la OTAN ya han ido más allá de lo autorizado por la ONU, actuando en ocasiones como una fuerza aérea de facto de las tropas rebeldes.
Pero la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, llegó a afirmar que la resolución 1973 permitiría incluso armar a los opositores a Gadafi, a pesar de que la misma ordena un embargo de armas.
Esto sugiere que Estados Unidos y sus aliados -entre los que se destacan Francia y el Reino Unido, dos de los países que más insistieron en la necesidad de una intervención militar- están dispuestos a actuar más agresivamente para inclinar la balanza a favor de los rebeldes.
Pero aunque más entrenamiento y mejores armas para los rebeldes podrían resultar decisivos en la batalla por el control de Libia, esta estrategia no ofrecerá resultados en el corto plazo.
Y el apoyo del resto de la comunidad internacional tampoco está asegurado.
La oposición de actores clave en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU, como Rusia y China, e incluso en el seno de la OTAN, como Alemania, también hace difícil un mayor involucramiento militar por parte de las tropas aliadas.
A menos que EE.UU., el Reino Unido y Francia decidan que el riesgo que representa Gadafi es lo suficientemente grande como para actuar de forma unilateral e iniciar una nueva aventura militar en el mundo árabe.
En vista a lo ocurrido en Irak y Afganistán, sin embargo, lo que parece de plano descartado es la intervención de tropas de infantería extranjeras para apoyar a los rebeldes.
Fragmentación de Libia
Aunque la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU inicia reafirmando su compromiso con la integridad territorial y la unidad nacional de Libia, si Occidente apuesta por fortalecer a los opositores a Gadafi el país podría quedar dividido por algún tiempo.
Los partidarios de Gadafi sostienen que es el único que puede mantener unido al país.
Francia, Qatar e Italia ya han anunciado que consideran que el consejo nacional interino de los rebeldes es el único representante legítimo del pueblo libio, e Italia informó que pronto abrirá una embajada en la capital rebelde de Bengasi.
Los rebeldes también se aprestaban a realizar este martes sus primeras exportaciones de petróleo desde el puerto de Tobruk.
Según la publicación especializada Lloyd’s List, este primer envío –de un millón de barriles- probablemente saldría con rumbo a Qatar, país que accedió a comercializar el petróleo de los rebeldes.
A los precios actuales, el cargamento tiene un valor de aproximadamente US$100 millones.
Y si el gobierno de Bengasi logra estabilizar sus exportaciones de crudo -para lo que necesita el control de Brega y Ras Lanuf- podría reinvertir parte de los ingresos en consolidar su control sobre el este del país.
La región oeste de Libia, sin embargo, seguiría bajo control de Gadafi.
Y las divisiones podrían multiplicarse dada la naturaleza tribal del país.
De hecho, la necesidad de un “líder fuerte”, capaz de unificar a las diferentes tribus que pueblan Libia, es el argumento empleado por los simpatizantes de Gadafi para rechazar su salida del poder.
“El líder le da a las tribus libias y a la población libia una figura unificadora”, dijo este martes el portavoz de Gadafi, Musa Ibrahim.
“Muchos, muchos libios quieren que él (Gadafi) lidere el proceso, porque tienen miedo de que si no está él por alguna razón nos pasará lo que pasó en Irak, lo que pasó en Somalia, lo que pasó en Afganistán”, afirmó.
Gadafi, sin embargo, no es una figura aceptable para los rebeldes, ni para los líderes occidentales.
Así que si no se llega a un acuerdo político, y si ninguna de las partes es capaz de conseguir una clara victoria militar, la fragmentación de Libia podría resultar inevitable.
Diálogo y acuerdo político
Así las cosas, la continuidad o no de Gadafi también es, por el momento, el principal obstáculo para una salida negociada.
Los llamados a una salida negociada para evitar más muertes todavía no han sido escuchados.
El lunes, un enviado especial del coronel libio inició una gira por Grecia, Turquía y Malta, para impulsar conversaciones de paz.
Turquía es uno de los pocos países de la coalición internacional que mantiene contactos tanto con los rebeldes como con el gobierno de Gadafi, por lo que podría ser clave en cualquier negociación.
Y el único país musulmán miembro de la OTAN logró incluso acordar esta semana un cese el fuego temporal en la ciudad de Misrata, para permitir la evacuación de varios de los civiles heridos por los ataques de las fuerzas de Gadafi.
Turquía es además vista por muchos, en Occidente y en el mundo árabe, como ejemplo de la viabilidad de una democracia islámica.
Y una negociación exitosa no sólo reafirmaría la influencia de Ankara en la región sino que podría generar mayor buena voluntad hacia sus esfuerzos para ingresar a la Unión Europea.
Los esfuerzos del gobierno turco, y los de el enviado de Gadafi, Abdul-Ati al-Obeidi, sin embargo, no se verán facilitados por declaraciones como las de Musa Ibrahim.
Y la posibilidad de que Gadafi le ceda el poder a uno de sus hijos tampoco ha sido recibida con entusiasmo por la oposición.
La eventual salida del líder libio también se ve dificultada por la amenaza de juicios en su contra por presuntas violaciones de derechos humanos, ya sea en la propia Libia o en un tribunal internacional.
Por ello, algunas voces -como las del obispo sudafricano y Premio Nobel de la Paz Desmond Tutu- han pedido considerar la posibilidad de permitir una “salida digna” para Gadafi, a cambio de conseguir la paz.
Pero, ¿estará Occidente dispuesto a hacer esa concesión? ¿Estará dispuesto Gadafi a aceptarla?
El líder libio, en el poder desde 1969, ha dicho que está listo para pelear hasta el final.
Pero la deserción de importantes figuras de su gobierno en los últimos días podría obligarlo a reconsiderar.