Tropas do Conselho de Cooperação do Golfo entram no Barein

Estive impossibilitado de atualizar o site no fim-de-semana. Peço desculpas por isso. Vamos a algumas notícias, então.

Apesar das atenções estarem (justificadamente) no Japão (minha solidariedade aos japoneses) e na Líbia (as forças de Kadafi parecem estar virando o jogo, o que não será bom para ninguém a não ser para o próprio Kadafi), convém lembrar que o Levante continua acontecendo no mundo islâmico.

Esta notícia sobre o Barein é importante, pois o país, estrategicamente localizado, é a sede da Quinta Frota dos EUA. Lembrando que o problema lá de uma grande maioria xiita (sob certa influência de Teerã) governada por uma minoria sunita.Mas ninguém por aqui fala do Barein…

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Las autoridades de Bahréin reciben ayuda militar del Consejo de Cooperación del Golfo

Un millar de soldados saudíes entran en suelo bahreiní para proteger edificios oficiales de los manifestantes

ÁNGELES ESPINOSA | Manama (Enviada especial) 14/03/2011

Tropas de Arabia Saudí cruzaron hoy el puente que une ese país con la isla-Estado de Bahréin, donde las protestas contra el poder absoluto de la monarquía gobernante se están transformado en un movimiento de desobediencia civil. Además, el ministro de Asuntos Exteriores de Emiratos Arabes Unidos, Abdulá bin Zayed al Nahayan, ha anunciado el envío de 500 policías para sofocar las revueltas. La medida, que los partidos opositores calificaron de “ocupación”, corre el riesgo de internacionalizar lo que hasta ahora ha sido un conflicto interno. Irán advirtió que no va a permanecer de brazos cruzados ante la intervención saudí. En medio de ese ruido, pasó desapercibido que, por primera vez después de un mes, la oposición se reunió con el príncipe heredero para sentar las bases de un diálogo nacional.

Comercios cerrados a cal y canto, calles desiertas y contenedores de basura derribados para impedir el paso de los coches. Manama, la habitualmente animada capital de Bahréin, presentaba un aspecto desolador. La huelga general respondía a un llamamiento sindical para protestar por el trato de la policía a los manifestantes el día anterior. Decenas resultaron heridos cuando los antidisturbios intentaron dispersar a los miles de personas que se se habían congregado ante las dos torres con forma de vela del Bahrain Financial Harbor, el centro financiero del reino.

Coches policiales bloquean todas las salidas de la autovía en dirección al centro financiero de Manama y la plaza de la Perla, donde los activistas antigubernamentales se han hecho fuertes. Dentro de ese perímetro, no hay rastro de las fuerzas de seguridad. Los sublevados, muchos con la cara tapada, han levantado barricadas en las que controlan la identidad de quienes las cruzan y se ocupan de mantener el orden. Bahréin ha quedado dividido en dos. Por más esfuerzos que los convocantes de las protestas hayan hecho para evitar el sectarismo, al cumplirse un mes de su inicio resulta evidente que la mayoría de los manifestantes son chiíes, una comunidad que supone dos tercios de la población y que se queja de discriminación por parte de los gobernantes suníes.

Ese peligroso factor se ha visto reforzado con la llegada al país de los soldados saudíes, el grueso de una fuerza de entre 1.000 y 2.000 hombres, bajo el paraguas del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). La decisión, largamente rumoreada, subraya el temor de los líderes de ese club de monarquías petroleras a que la inestabilidad en Bahréin dé pie a la penetración de su archirrival Irán (una teocracia de credo chií) y las consecuencias que tendría sobre sus respectivos países. Además de Arabia Saudí, el socio de mayor peso, forman el CCG Emiratos Árabes Unidos y Kuwait (que también han enviado tropas), Qatar, Omán y Bahréin. Tanto Arabia Saudí como Kuwait tienen importantes minorías chiíes y, salvo en Omán, todas las familias reales son suníes.

“Arabia Saudí no puede permitir que caiga el rey de Bahréin”, aseguraba el pasado sábado a esta corresponsal un ex ministro saudí. La fuente se mostraba sin embargo convencida de que la decisión de enviar fuerzas solo se tomaría “como último recurso”, en caso de que hubiera pruebas de una intervención iraní. “Daría muy mala imagen para nosotros y para ellos”, concluía.

Apenas 48 horas después, las tropas saudíes han llegado a la isla y sublevado aún más los ánimos. Al conocer que estaban cruzando el puente, los manifestantes que cada tarde confluyen en la plaza de la Perla para apoyar a los activistas acampados, quisieron dirigirse para hacerles frente. Solo retrocedieron cuando uno de los coordinadores les informó de que el convoy militar se dirigía directamente a Riffa, la localidad del sur de la capital donde vive la familia real, ostensiblemente para protegerla. Según el diario Gulf Daily News, próximo al primer ministro y tío del rey, su misión es salvaguardar las instalaciones estratégicas como plantas petroleras y estaciones eléctricas.

“Consideramos que cualquier fuerza o equipo militar que cruce las fronteras de Bahréin -por tierra, mar o aire- es una ocupación y una conspiración contra sus habitantes”, afirma el comunicado difundido por los partidos de la oposición. En su opinión, ese paso pone al país al borde de la guerra. Sin embargo, para el jeque Abdel Latif Mahmud, jefe de la Agrupación por la Unidad Nacional, se trata de evitar la imposición de la ley marcial, algo que han pedido varios diputados progubernamentales. Según ellos, “los movimientos extremistas están intentando paralizar el país y empujarlo hacia un conflicto sectario”.

Irán se apresuró a dejar claro que está al acecho. Su ministro de Exteriores dijo que esperaba que el Gobierno bahreiní respetara a los manifestantes y que su país no se quedará de brazos cruzados ante los esfuerzos saudíes para “exterminar” a los chiíes de Bahréin, según la cadena iraní en árabe Al Alam. A media tarde, la misma fuente difundió también el bulo de que las tropas saudíes se dirigían a la plaza de la Perla.

Anoche, los soldados permanecían acantonados. Los activistas, por su parte, se afanaban en reforzar las barricadas en la autovía y levantar otras nuevas, convencidos de que la llegada de los saudíes solo podía significar un nuevo ataque contra el campamento, como el que el 17 de febrero costó la vida a cuatro personas, elevando a siete el total de muertos desde el día a 14.

El aumento de la tensión corresponde también con una creciente radicalización de las protestas. Frente a la inicial petición de reformas democráticas y una monarquía constitucional, algunos grupos llaman a derrocar la monarquía, algo que atemoriza a los suníes, convencidos de que solo puede beneficiar a Irán.

“¿Qué más quieren si el rey ya ha accedido a todas sus exigencias?”, se pregunta un vecino de la plaza de la Perla a quien las protestas le dificultan salir de casa. El domingo, el príncipe heredero, Salman al Jalifa, se comprometió a abordar todas las exigencias de la oposición, incluidos el traspaso del poder legislativo al Parlamento, cambios en el Gobierno y reformas de los distritos electorales (que discriminan a los chiíes). El gesto ha servido para que la oposición aceptara finalmente reunirse con Salman para establecer las bases de un diálogo nacional. La familia real había expresado su frustración porque todos sus ofrecimientos al diálogo habían quedado sin respuesta hasta ahora.

Fuerza Escudo de la Península

Las tropas enviadas a Bahréin por sus socios en el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) forman parte de la fuerza Escudo de la Península. Se trata de una unidad conjunta que los seis miembros de esa organización regional establecieron en 1984 con el objetico de “disuadir y responder a una eventual agresión militar” contra cualquiera de ellos. Además de Bahréin, los integrantes del CCG son Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unicos, Kuwait, Qatar y Omán.

Hasta ahora sus efectivos solo se habían desplegado en Kuwait. La primera vez en 1991, tras la invasión iraquí de ese emirato, como parte (simbólica) de la campaña internacional que EEUU dirigió para desalojar a los soldados de Sadam Husein. Y de nuevo, en 2003, antes de la invasión anglo estadounidense de Irak.

El Escudo de la Península está basado en Arabia Saudí, en la ciudad militar Rey Jaled, en Hafar al Batin, muy cerca de las fronteras de Irak y Kuwait. Cuenta con infantería, artillería, blindados y el apoyo de elementos de combate de cada uno de los países miembros. Y dispone de entre 7.000 y 10.000 hombres a las órdenes de un general saudí.

De acuerdo con las normas establecidas a su creación, las fuerzas enviadas a un país miembro pasan a estar bajo su autoridad. Corresponde por tanto a Bahréin decidir la tarea que va a encomendarle. Según la información difundida, Arabia Saudí ha enviado un millar de soldados y EAU 500 policías. En un comunicado difundido anoche, el Gobierno de Manama asegura que ha pedido su asistencia para “ayudar a proteger la seguridad de los ciudadanos, los residentes y las infraestructuras esenciales”.

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New York Times
March 14, 2011

Saudi Troops Enter Bahrain to Help Put Down Unrest

By ETHAN BRONNER

CAIRO —Troops from Saudi Arabia and police officers from the United Arab Emirates crossed into Bahrain on Monday under the aegis of the Gulf Cooperation Council to help quell unrest there, a move Bahraini opposition groups denounced in a statement as an “occupation.”

The deployments were confirmed by the state-run Bahrain News Agency and the foreign minister of the Emirates, Sheikh Abdullah bin Zayed al-Nahayan.

In Paris, the foreign minister of the United Arab Emirates, Sheik Abdullah bin Zayed, said on Monday that the government of Bahrain had asked its neighbors in the Gulf Cooperation Council “to look at ways to help them to defuse the tension in Bahrain.” Appearing briefly with Secretary of State Hillary Clinton, who did not mention the events in Bahrain, Sheik Abdullah said the U.A.E. had dispatched 500 police officers with the Saudi forces and that other Gulf states would also send troops. His remarks suggested an escalating intervention.

“There are other Gulf countries which are going to participate to support the Bahrain government, and to get calm and order in Bahrain — and to help both the Bahraini government and people to reach a solution,” he said.

Witnesses said a convoy of 150 armored troop carriers and about 50 other lightly armed vehicles carried about 1,000 troops across the bridge linking Saudi Arabia to the tiny island kingdom, and a Saudi security official told The Associated Press that the troops were there to protect critical buildings and installations like oil facilities. However, witnesses later said that the convoy seemed to be heading for Riffa, a Sunni area that is home to the royal family and a military hospital that is closed to the public, Reuters reported.

The opposition statement said it considered the arrival of any soldier or military vehicle “an overt occupation of the kingdom of Bahrain and a conspiracy against the unarmed people of Bahrain.”

A senior administration official said the United States was “definitely concerned” by the deployment of troops, saying the protests in Bahrain needed “a political solution, not military.” The State Department dispatched Jeffrey D. Feltman, the assistant secretary of state for Near Eastern Affairs, to Bahrain on Monday. He had been scheduled to join Secretary of State Hillary Rodham Clinton on her travels to Egypt and Tunisia this week.

Pro-government lawmakers, called the Independent Bloc, asked the government to enforce martial law for three months to ensure public safety and national stability threatened by what it called “extremist” elements, the Bahrain News Agency reported.

Anti-government protesters remained in the streets of Manama, the capital, on Monday, a day after thousands clashed with security forces in the most chaotic day of confrontation since demonstrations began a month ago. The protests are part of the regional turmoil against autocracy but are fed in Bahrain by tensions between the majority Shiite population and the Sunni royal family and elite.

The demonstrators on Sunday effectively shut down the roads leading to the capital’s financial sector and held rallies at the main campus of the university as well. It was the most serious challenge to the royal family since the beginning of the protests, which have caused deep concern in Saudi Arabia, which has a restive Shiite minority in its eastern, oil-producing region..

Witnesses said the police used tear gas and fired on the protesters with rubber bullets.

“This was a very, very big day,” Mr. Maskati said by telephone from Pearl Square, the epicenter for protests in central Manama. “Now the protesters control these streets. There are walls of rubble keeping out the police and armed groups. People say they will not sleep tonight.”

There were also clashes at the campus of the main university, where protesters contended that the security forces were protecting armed vigilantes accused of fomenting tensions between the 70 percent of the population that is Shiite Muslim and the Sunni ruling family and elite.

The latest protests occurred a day after Defense Secretary Robert M. Gates stopped in Bahrain and warned the Khalifa family, which has ruled Bahrain for two centuries, that it must go beyond the “baby steps” of reform to meet the economic and political demands sweeping much of the Arab world.

The White House issued a statement on Sunday that said the United States strongly condemned violence that had occurred in Bahrain and Yemen, and added, “We urge the government of Bahrain to pursue a peaceful and meaningful dialogue with the opposition rather than resorting to the use of force.”

Bahrain, a kingdom on the Persian Gulf, is home to the United States Navy’s Fifth Fleet and is a crucial American ally. The Obama administration has supported the Khalifa family through the unrest, in contrast to its efforts to remove the leaders of Libya, Tunisia and Egypt. But the White House has tried to push Bahrain’s government to meet many of the protesters’ demands, worried that Iran, which is overwhelmingly Shiite, could exploit the unhappiness of Shiites in Bahrain.

“I expressed the view that we had no evidence that suggested that Iran started any of these popular revolutions or demonstrations across the region,” Mr. Gates told reporters after his visit on Saturday. “But there is clear evidence that as the process is protracted, particularly in Bahrain, that the Iranians are looking for ways to exploit it and create problems.”

He added, “Time is not our friend.”

The demonstrations on Sunday occurred on King Faisal Highway at the entrance to Manama’s financial district. In a statement, the government said the violence began when “a group of protesters attacked unarmed police officers, resulting in one police officer being stabbed and another sustaining a serious head injury.”

“Police then sought to disperse approximately 350 protesters by using tear gas in order to clear the road,” the government said. “The Ministry of Interior is currently undergoing operations to reopen the King Faisal Highway.”

By Sunday evening, witnesses said, the highway remained essentially closed to traffic and was in the hands of demonstrators.

“It is like a ghost town with the highway closed and the financial district closed,” Hussein Muhammad, a bookstore owner and activist, said by telephone. “Thousands of people came all morning, and hundreds were injured.” Two demonstrators suffered serious head injuries, witnesses said.

Last month, Obama administration officials said that Bahrain’s king, Hamad bin Isa al-Khalifa, listened when President Obama asked him to pull back his security forces after seven people were killed at the start of the protests.

The demonstrators have grown frustrated that they have been allowed to hold on to Pearl Square, a traffic circle but have not achieved their political goals. That is why, they said, they chose to move on the financial center in a country that prizes its business-friendly policies. And there is growing concern that the pro-democracy movement is deteriorating into a Sunni-Shiite split.

“We want a new constitution, fair and free elections and a government elected directly by the people,” Mohammad Mattar, an engineer and member of the Waad pro-reform movement, said by telephone. “These are not sectarian demands, but political ones. We want a constitutional monarchy, a clear relationship between the ruling family and society. But the security forces are trying to create a sectarian divide.”

Bahrain’s crown prince, Sheik Salman bin Hamad al-Khalifa, meanwhile, renewed a call for national dialogue on Sunday, promising that the talks would address proposals to increase the power of Parliament, Reuters reported.

“We have worked actively to establish contacts to learn the views of various sides,” he said in a statement that was read on Bahrain TV, “which shows our commitment to a comprehensive and inclusive national dialogue.”

Mr. Gates said on Saturday that he told the king and crown prince that change “could be led or it could be imposed.”

He added, “Obviously, leading reform and being responsive is the way we’d like to see this move forward.”

Reporting contributed by Nada Bakri in Beiru and Steven Lee Myers in Washington.